Aunque fue darvinista (exaltando por ende la prevalencia del más fuerte), el fascismo italiano no fue racista; fue corporativista en lo social y dirigista en lo económico; dictatorial, autoritario y militarista, eso sí, pero nunca aleccionó a sus partidarios a perseguir a los de otra raza. El componente racista y discriminatorio del nacionalismo “fascista” fue introducido por los alemanes vía el Nacionalsocialismo. Estos, a su vez, basaron sus ideas en los estudios pseudocientíficos de los frenólogos alemanes. En apoyo a esto, valgan las palabras de Mussolini, quien declaró que “los alemanes acabarán por estropear nuestra idea”. Prueba de ello es que la persecución sistemática de ciertas minorías no se dio en Italia sino después que los nacionalsocialistas tomaran dicho país. Así que el fascismo italiano merece una segunda oportunidad. Todo padre que ama a sus hijos comete errores al educarlos. Pero porque desea su bien, a veces es duro y exige disciplina severa. Igualmente ha de ser el Estado. En palabras del Duce: “El Estado es el pueblo. El pueblo es el Estado. Todo en el Estado. Nada fuera del Estado. Nada contra el Estado”. Actio militia conscenderit!!