Dado que el oro no es atacado por los ácidos fuertes (clorhídrico, sulfúrico), durante siglos se creyó que este metal noble era imperecedero (recuérdese que el calificativo de “noble” es un reflejo de su casi nula reactividad química.) Sin embargo, la biblia ya había declarado que el oro es “corruptible” (1 Pedro 1:18). Esta afirmación quedó verificada siete siglos después, cuando el alquimista persa Jabir ibn Hayyan descubrió que el oro puede ser disuelto en agua regia, la cual es una mezcla de tres partes de ácido clorhídrico por una parte de ácido nítrico. Esto muestra una vez más la exactitud científica de la biblia.