Tradicionalmente, la labor del historiador consistía básicamente en narrar acontecimientos, concentrándose en los de índole política. Se esperaba que el escritor fuese lo más objetivo posible, es decir, que presentara los hechos tal como sucedieron, sin hacer comentarios adicionales ni apreciaciones personales. Se esperaba también que el historiador recurriese en forma exclusiva a la documentación escrita para confeccionar su relato.

A este respecto, el historiador francés Fernand Baudrel (1902-1985) replica que en el tiempo histórico pueden distinguirse tres niveles claramente diferenciados. Baudrel concede notable importancia a la coyuntura, es decir, las oportunidades que para determinado grupo o nación aparecen después de un hecho cualquiera. Asimismo establece la importancia de estudiar los efectos de larga duración que tuvo un acontecimiento, al tiempo que relega a un segundo plano los acontecimientos mismos.

De esta manera, y tal como Baudrel lo propone, lo que importa en la narración histórica no son los acontecimientos en sí mismos. Se debe hablar de procesos, de los cambios que vinieron con dicho acontecimiento, de sus efectos. Para esto debe incluirse en la relación histórica el estudio de factores socioeconómicos. Esta amalgama, es lo que llamamos Nueva Historia, para diferenciarla de la Historia Tradicional, y tiene como fin integrar las ciencias sociales, de manera que todas estén al servicio del historiador y a su vez entre ellas mismas.

Esta Nueva Historia aparece como reacción deliberada contra el paradigma tradicional, la forma tradicional de hacer historia. Puede percibirse siete diferencias fundamentales:

1. La historia tradicional se centra en los aspectos políticos de la historia. La nueva historia es total. Esto quiere decir que no se circunscribe a ningún campo específico, sino que trata de integrar –como ya se ha dicho– los diferentes aspectos involucrados, desde la óptica de distintas ciencias sociales.

2. La historia tradicional constituye una mera narración de los hechos, mientras que la nueva historia hace un análisis de los acontecimientos, estableciendo así causas, consecuencias, patrones de comportamiento, etc.

3. La historia tradicional se escribe “desde arriba”, es decir, centrándose en los “actores”, los que tuvieron participación directa en los hechos, tratándose casi invariablemente de la clase política que dirigía una nación en determinado momento. La nueva historia, en cambio, se escribe “desde abajo”. Esta perspectiva toma en cuenta a las clases sociales bajas y la forma como ellos vivieron los acontecimientos, cómo les afectó en el momento y qué consecuencias tuvo para ellas en el largo plazo.

4. La historia tradicional es documental. Esto se refiere a que se vale solamente de documentos escritos, generalmente actas de la época, para ser tomados como prueba y modelo de lo que sucedió y a partir de los cuales construir el relato histórico. La nueva historia promueve una “revolución documental”, donde todo puede ser tomado como fuente de información: testimonios de terceros, videos, fotografías, etc.

5. En la historia tradicional se pretende verificar los hechos, es decir, constatar lo que pasó: cómo, cuándo, dónde, quiénes lo llevaron a cabo. La nueva historia plantea un problema y va más allá. Se analiza qué resultado habría habido si no sucede tal o cual cosa, cómo trabajar con lo que sucedió para que no se repita y para subsanar los problemas –si es que alguno– que ocasionó.

6. La historia tradicional es objetiva. El historiador se limita a presentar los sucesos sin comentar al respecto. En la nueva historia, el narrador se permita interpretar, aunque de forma moderada, lo que sucedió.

7. La historia tradicional es amateur. Esto quiere decir que era escrita, en su inmensa mayoría, por personas que, aunque cercanas a la élite, no eran necesariamente historiadores profesionales, como sí ocurre en el caso de la nueva historia, donde la labor del escritor se considera una profesión seria para la cual debe haberse preparado académicamente.

El término Nueva Historia fue acuñado por James Harvey en 1912 y se ha usado desde entonces. Esta nueva apreciación viene a plantear, por supuesto, algunos problemas fundamentales, sin que hasta el momento hayan sido resueltos de manera definitiva, los cuales me limitaré a plantear sin hacer comentarios al respecto. Tales problemas son:

1. El problema de la definición. Dado que la nueva historia estudia todo ¿Cómo definir aquello que estudia todo? Y lo que es más, ¿qué metodología seguir para hacer de todo mi campo de estudio?

2. Explicación. Qué uso ha de darse al lenguaje, de manera que sea comprensible y universal en la terminología usada, a fin de materializar la investigación y proveerle valor práctico.

3. Síntesis. Ha de hallarse la respuesta a la pregunta ¿Qué se entiende por Historia?

             

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