JEAN SIBELIUS fue un compositor finés nacido el 8 de diciembre de 1865 en Hämeenlinna (Finlandia) y falleció en 20 de septiembre de 1957 en Järvenpää (Finlandia). Su verdadero nombre era Johan Julius Christian Sibelius, aunque posteriormente adoptó su equivalente francés, Jean, por el que es comúnmente conocido.

         En 1885 Sibelius comenzó la carrera de Derecho en la Universidad Imperial de Alejandro en Helsinki, sin embargo, abandonó sus estudios para dedicarse a la música.

         Entre 1885 y 1889 estudió en la Escuela de Música de Helsinki (que más tarde sería rebautizada como Academia Sibelius, en reconocimiento del gran aporte del compositor a la música de su país) y en 1892 contrajo matrimonio con Aino Järnefelt.

         Su obra musical se mostró muy influenciada por el nacionalismo romántico, imperante en la Europa de la época. Recordemos, por ejemplo, la escuela nacionalista checa con Bedrich Smetana como principal representante (de alguna de cuyas obras he escrito en otro post), el nacionalismo alemán que encontró en Richard Wagner su principal conductor y la escuela nacionalista rusa con compositores de la talla de Nikólai Rimsky-Korsakov o Dimitri Shostakóvich. Así, Sibelius se convierte en al mayor exponente del nacionalismo finlandés.

         Cuantitativamente, su obra se compone de siete sinfonías de gran popularidad, incluso actualmente. Compuso también música incidental, música de cámara, música para piano, entre decenas de otras composiciones.

         En su estilo musical, dominó siempre un profundo amor por la naturaleza y, en especial por el paisaje finlandés, en cuyas obras exalta y a partir del cual se inspiran muchas de sus composiciones. En sus inicios recibió considerable influencia de Wagner, aunque luego se separó de su método (el tan conocido leitmotiv, creado a su vez por Franz Liszt) para desarrollar un estilo propio que, aunque conservador, dio pie a una gran escuela de músicos que continuaron con su estilo. También recibió influencia de Pyotr Ilych Tchaikovsky.

         Entre sus obras más destacadas figuran el poema sinfónico Finlandia opus 26, el Vals Triste opus 44, la Suite Lemminkäinen opus 22 y la Suite Karelia opus 11.

         En este post comentaré brevemente sólo respecto del poema Finlandia, aunque recomiendo escuchar todas las obras antes citadas. Se dice que fue compuesto para simbolizar la opresión y la lucha del pueblo finés, de ahí su estilo “turbulento”. No niego ni rechazo esta afirmación, sólo diré que para mí la obra adquiere una connotación diferente… He de decir, además que tal vez sea este el mejor poema sinfónico jamás compuesto. Nunca he visto Finlandia ni siquiera en foto, pero al escuchar tan bella obra se me abre el apetito y quisiera conocerla…

         La introducción del poema, solemne y majestuosa, aunque recatada y misteriosa, casi mágica, es un ejemplo magistral del uso que puede darse a las cuerdas, y que en definitiva será uno de los rasgos más distintivos de la obra, sin dejar de lado el importante papel de los metales, que le dan ese aire fresco, triunfante y casi festivo a esta gema de la música clásica.

         Nos transportamos a un mundo de belleza donde reinan la paz y el amor por lo que nos rodea. Dejamos que nuestros oídos escuchen a placer, poniendo énfasis en la delicada melodía, el uso elegante dado a la percusión, que nos hace suponer que todavía faltan muchos sonidos maravillosos por escuchar…

         Después de unos cuatro minutos de tan deliciosa exposición, hallamos el tema principal, interpretado de manera conjunta por los vientos y las cuerdas, con un romanticismo y un sentimiento de amor y respeto solemne profundos. Difícilmente encontraremos otro sonido como este dentro del repertorio clásico, tan exaltado, tan refinado y apasionado como nos lo regala Sibelius en esta su magnífica obra.

         Es aquí donde, definitivamente, cualquier sentimiento de dolor que pudiera haber habido en la obra, cuando menos de desaliento, se torna en un conmovedor himno a la esperanza que florece, como las plantas en la primavera, la cual Sibelius tanto amaba…