Cuentan que don Ramiro era muy buen zapatero. Se dice además que tenía una mascota en su pequeño taller. Era un mono tití, el cual no superaba los cuarenta centímetros de estatura y vestía un overol que lo hacía verse sumamente gracioso.

         Sin embargo, era gracioso para todos menos para su dueño, pues aquel animalito lo imitaba en todo: a la hora de cortar cuero con el cuchillo, de unir las partes de los zapatos sobre las hormas, aunque fuese incapaz de coserlos.

         No en pocas ocasiones le causaba muchos inconvenientes y hasta la pérdida de materiales. Aquella situación se volvió insoportable para don Ramiro, que vio la necesidad de deshacerse del molesto animal…

         Después de mucho pensar, decidió hacer su trabajo como de costumbre. Cortaba el cuero con su cuchillo sumamente agudo de un solo filo. Y cada vez que cortaba, se pasaba el lado del cuchillo opuesto al filo por el cuello. Lo hacía mecánica, repetidamente.

         Un día de tantos, salió a hacer un mandado por la ciudad. Había dejado su taller en perfecto orden, y el cuchillo sobre la mesa. Tardó varias horas fuera. Cuando regresó, encontró al monito tirado en el piso, muerto, acostado sobre un charco de sangre…

         ¡El pobre animal se había degollado!