Al observar cuidadosamente los pasos del método científico propuestos por Góngora se deja notar la ausencia de un paso fundamental, primero y por ende causa de los demás pasos. Este consiste en una creencia, ya sea de forma simple (una opinión) o más elaborada (una teoría), la cual irá seguida de la observación, la formulación de hipótesis y su posterior demostración para llegar a ser una ley, conjunto de las cuales formará una teoría.

         Una teoría, al estar suficientemente comprobada, debería servir para predecir posibles acontecimientos, luego “la finalidad de las ciencias es pues predecir. Si la predicción se realiza según la ley, los resultados predichos deben concordar con la realidad, con una exactitud que en la mayoría de los casos puede darse de antemano” (Góngora, Enrique. ¿Qué es ciencia? Pág. 4)

        Sin embargo, abordando el tema que en este momento nos interesa, esto es, el de Kilian Leib, podemos afirmar que aunque muy probablemente contaba con una creencia que le hiciera observar el clima–ya creyera que Dios lo controlaba a Su gusto, ya creyera que las condiciones climáticas no eran en ningún momento consecuencia de actos divinos, sino producto del azar–y realizó detalladas observaciones diariamente durante muchos años, fue incapaz de descubrir un patrón en sus observaciones (a pesar de que el clima se define como el promedio de las observaciones del tiempo–nótese la diferencia entre clima y tiempo–durante un periodo no inferior de veinticinco años, consideramos que Leib contó con tiempo suficiente para encontrar dicho patrón).

        Probablemente el error de Leib consistió en intentar darle a cada informe un tratamiento individual, sin agruparlos en periodos más o menos largos–de un mes o unas cuantas semanas, por ejemplo–a fin de obtener información global a partir de aquella información local con que contaba. Tal vez lo hizo, pero fue incapaz de precisar un patrón periódico–tal vez las estaciones del año o cualquier otro conveniente–y por consiguiente formular una hipótesis para luego llevarla a ser una ley y luego una teoría. Quizá fue más bien el exceso de datos lo que le incapacitó llegar a tener un mayor conocimiento del clima, ¿quién sería capaz de decirlo?

Junio, 2005.